El mejor Booktrailer que he visto en mucho tiempo. Se trata de un anuncio de la novela Forever, tercera parte de la saga "Los lobos de Mercy Falls" de Maggie Stiefvater. Una auténtica obra de arte. Disfrutadlo.
jueves, 30 de junio de 2011
miércoles, 29 de junio de 2011
La importancia de las dedicatorias.

Cuando publiqué mi primer libro, un amigo me regaló una estupenda estilográfica Waterman. Aquella fue mi primera pluma, y con ella comencé a firmar torpemente los primeros ejemplares que vendí. La primera vez que firmé un libro, no sabía ni qué poner. Lo normal sería ceñirse a la escueta fórmula "De (autor) a (lector), con cariño", pero aquello me parecía tan impersonal que casi rozaba el ridículo. ¿Quién era yo para limitarme a poner algo tan manido y soso? Entonces me dediqué a escribir dedicatorias especiales, cada una diferente a la anterior. Si era a un conocido, le recordaba alguna anécdota que habíamos vivido juntos, y si por el contrario era alguien que no conocía de nada, escribía dedicatorias elaboradas, de varias lineas, deseándole una feliz lectura y mis mejores deseos para el futuro.
A mi modo de ver, es muy importante hacer dedicatorias especiales, ahora que aun se puede. Los escritores más reconocidos tienen en ocasiones que firmar libros para una larga cola de seguidores, y no se van a complicar mucho la vida. Sin embargo, yo no soy uno de ellos. Estoy empezando en este mundillo, y cada lector supone un reto y a la vez una oportunidad de causar una buena impresión. Si le firmas a alguien una dedicatoria bonita y original, es muy probable que la enseñe a sus amigos, lo cual es una publicidad que no tiene precio.
Personalmente siempre intento que cada dedicatoria sea única, aunque haya ocasiones en las que me he quedado en blanco y he escrito lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Espero que en Septiembre tenga muchos libros que firmar y muchas ideas para hacerlo.
A mi modo de ver, es muy importante hacer dedicatorias especiales, ahora que aun se puede. Los escritores más reconocidos tienen en ocasiones que firmar libros para una larga cola de seguidores, y no se van a complicar mucho la vida. Sin embargo, yo no soy uno de ellos. Estoy empezando en este mundillo, y cada lector supone un reto y a la vez una oportunidad de causar una buena impresión. Si le firmas a alguien una dedicatoria bonita y original, es muy probable que la enseñe a sus amigos, lo cual es una publicidad que no tiene precio.
Personalmente siempre intento que cada dedicatoria sea única, aunque haya ocasiones en las que me he quedado en blanco y he escrito lo primero que se me ha pasado por la cabeza. Espero que en Septiembre tenga muchos libros que firmar y muchas ideas para hacerlo.
Los personajes
Más de una vez alguien que ha leido mis escritos me ha preguntado cómo me invento a los personajes. ¿Están basados en gente real? ¿Les pongo nombres de amigos (o de enemigos)? ¿De dónde saco sus nombres?
No creo que haya una sola respuesta a todas estas preguntas. Cuando escribo suelo basar mis personajes en personas reales, de carne y hueso. Si bien me cuido de no dar muchas pistas, siempre hay gente que encuentra coincidencias, lo cual no siempre es bueno. Para mí, es mucho más facil recordar a ese jefe malvado que tuve en una ocasión, o a ese tierno amor de la infancia, o aquella pareja que vi en el autobus. Incluso aquel maromo de un anuncio de perfume. ¿Por qué no? Ser escritor es crear un mundo, en el que viven personajes de tu propia invención. No importa de dónde los saques, pero eso sí: deben estar bien construidos, con una base sólida y unos argumentos congruentes. Por ejemplo, es verosimil crear una abuelita que cocina de maravilla, quiere a sus nietos, y tiene una docena de gatos en casa. Lo que no es aconsejable es que dicha abuelita sea además una excelente francotiradora, por ejemplo. Aunque puede que sí, quien sabe. Ahí dejo la idea...
En varios tratados de narrativa hablan del extraño fenómeno del cambio de papeles. El escritor comienza a contar una historia pero, en un momento dado, la historia se le escapa de las manos, y pasa a ser propiedad de sus personajes. Si un personaje está bien desarrollado, para el lector será facil adivinar, o más bien intuir, sus intenciones, y cómo reaccionará ante las diversas situaciones con las que se encuentre. Llega un momento en todo relato en el que ya no hay marcha atrás, y son los personajes los encargados de decidir qué hacer y cómo actuar. Si, por ejemplo, el protagonista es un honrado policía que combate la corrupción y tiene un espléndido historial, no sería lógico hacer que aceptara un soborno. Si quereis que vuestra obra vaya por ahí, tal vez deberíais volver algunos capítulos atrás y cambiar un par de cosas antes de continuar.
El gran Stephen King es un maestro en lo que el llama la "historia situacional". Primero inventa unos personajes, despues una situación rocambolesca (invasores del espacio, un monstruo que devora a la gente, un pato de goma asesino...), y despues lo junta todo. Según cuenta, son los propios personajes los que llevan la historia a buen término, sin que él pueda hacer nada para evitarlo. Cada personaje actua como debe hacerlo, de acuerdo con sus convicciones, miedos, pretensiones, ya sean heroes, villanos, o alguien que pasaba por allí, haciendo que la obra sea consistente y lógica.
No creo que haya una sola respuesta a todas estas preguntas. Cuando escribo suelo basar mis personajes en personas reales, de carne y hueso. Si bien me cuido de no dar muchas pistas, siempre hay gente que encuentra coincidencias, lo cual no siempre es bueno. Para mí, es mucho más facil recordar a ese jefe malvado que tuve en una ocasión, o a ese tierno amor de la infancia, o aquella pareja que vi en el autobus. Incluso aquel maromo de un anuncio de perfume. ¿Por qué no? Ser escritor es crear un mundo, en el que viven personajes de tu propia invención. No importa de dónde los saques, pero eso sí: deben estar bien construidos, con una base sólida y unos argumentos congruentes. Por ejemplo, es verosimil crear una abuelita que cocina de maravilla, quiere a sus nietos, y tiene una docena de gatos en casa. Lo que no es aconsejable es que dicha abuelita sea además una excelente francotiradora, por ejemplo. Aunque puede que sí, quien sabe. Ahí dejo la idea...
En varios tratados de narrativa hablan del extraño fenómeno del cambio de papeles. El escritor comienza a contar una historia pero, en un momento dado, la historia se le escapa de las manos, y pasa a ser propiedad de sus personajes. Si un personaje está bien desarrollado, para el lector será facil adivinar, o más bien intuir, sus intenciones, y cómo reaccionará ante las diversas situaciones con las que se encuentre. Llega un momento en todo relato en el que ya no hay marcha atrás, y son los personajes los encargados de decidir qué hacer y cómo actuar. Si, por ejemplo, el protagonista es un honrado policía que combate la corrupción y tiene un espléndido historial, no sería lógico hacer que aceptara un soborno. Si quereis que vuestra obra vaya por ahí, tal vez deberíais volver algunos capítulos atrás y cambiar un par de cosas antes de continuar.
El gran Stephen King es un maestro en lo que el llama la "historia situacional". Primero inventa unos personajes, despues una situación rocambolesca (invasores del espacio, un monstruo que devora a la gente, un pato de goma asesino...), y despues lo junta todo. Según cuenta, son los propios personajes los que llevan la historia a buen término, sin que él pueda hacer nada para evitarlo. Cada personaje actua como debe hacerlo, de acuerdo con sus convicciones, miedos, pretensiones, ya sean heroes, villanos, o alguien que pasaba por allí, haciendo que la obra sea consistente y lógica.
sábado, 25 de junio de 2011
Mis primeros pasos (II)
Cuando recibí la ansiada carta de la editorial Entrelineas, me volví loco de alegría. Les llamé enseguida para concertar una entrevista en Madrid, y poco a poco mi sueño fue tomando forma. Ni que decir tiene que yo vivía en Granada con un sueldo modesto, por lo que tuve que hacer el viaje a Madrid en el autobus nocturno, ya que no podía permitirme pagar una noche de hotel.
Llegué a la Gran Vía, pedí un café de Starbucks y recorrí el centro de Madrid con la ilusión de quien comienza una vida nueva. La sede de la editorial estaba en pleno centro, por lo que fui paseando, recreandome en cada detalle y sintiéndome mas nervioso a cada paso que daba. Cuando pasé frente al escaparate de la Casa del Libro, me sentí muy afortunado, como si ya hubiera pasado a formar parte de la élite de escritores cuyas novelas pueblan sus estantes. ¡Qué inocente era!
La sede de Entrelineas estaba en un segundo piso, y constaba de un par de habitaciones y poco más, en las que se apiñaban multitud de manuscritos y estanterías con libros. Estreché la mano de mis primeros editores y nos sentamos a charlar sobre mi libro, y sobre la mejor manera de publicarlo. Fue en ese momento cuando me sentí de verdad escritor.
Luego llegaron los plazos incumplidos, las discusiones telefónicas, la demora injustificada en el diseño y en las galeradas... y por si todo fuera poco, cuando tuve el primer ejemplar en mis manos, me horroricé al descubrir que estaba plagado de faltas de ortografía, a pesar de que me dijeron que contaban con un departamento de corrección ortográfica y de estilo.
Sin embargo, no voy a entrar a descalificar a nadie ni a lamentarme por nada. Si quereis escuchar historias sobre esta editorial, tan solo teneis que poner su nombre en Google, y obtendreis amplia información acerca de personas que han sido estafadas, que los han llevado a juicio, etc... En fin, yo cumplí mi objetivo: publicar mi primera novela. Mi libro está en la calle, compartiendo estantería con los grandes. No vale la pena lamentarse por los errores del pasado, lo realmente importante es coger aire y procurar no volver a repetir estos errores en el futuro.
Llegué a la Gran Vía, pedí un café de Starbucks y recorrí el centro de Madrid con la ilusión de quien comienza una vida nueva. La sede de la editorial estaba en pleno centro, por lo que fui paseando, recreandome en cada detalle y sintiéndome mas nervioso a cada paso que daba. Cuando pasé frente al escaparate de la Casa del Libro, me sentí muy afortunado, como si ya hubiera pasado a formar parte de la élite de escritores cuyas novelas pueblan sus estantes. ¡Qué inocente era!
La sede de Entrelineas estaba en un segundo piso, y constaba de un par de habitaciones y poco más, en las que se apiñaban multitud de manuscritos y estanterías con libros. Estreché la mano de mis primeros editores y nos sentamos a charlar sobre mi libro, y sobre la mejor manera de publicarlo. Fue en ese momento cuando me sentí de verdad escritor.
Luego llegaron los plazos incumplidos, las discusiones telefónicas, la demora injustificada en el diseño y en las galeradas... y por si todo fuera poco, cuando tuve el primer ejemplar en mis manos, me horroricé al descubrir que estaba plagado de faltas de ortografía, a pesar de que me dijeron que contaban con un departamento de corrección ortográfica y de estilo.
Sin embargo, no voy a entrar a descalificar a nadie ni a lamentarme por nada. Si quereis escuchar historias sobre esta editorial, tan solo teneis que poner su nombre en Google, y obtendreis amplia información acerca de personas que han sido estafadas, que los han llevado a juicio, etc... En fin, yo cumplí mi objetivo: publicar mi primera novela. Mi libro está en la calle, compartiendo estantería con los grandes. No vale la pena lamentarse por los errores del pasado, lo realmente importante es coger aire y procurar no volver a repetir estos errores en el futuro.
viernes, 24 de junio de 2011
Consejos para elegir editorial
En menos de una semana, decidiré la editorial con la que publicaré mi segunda novela. Me gustaría poner en común algunas pautas que he seguido para eliminar algunas propuestas que he recibido y reducir la lista de posibles editoriales con las que trabajar.
En primer lugar, tan solo algunas de las editoriales a las que he mandado mi obra han demostrado habérsela leido. Puede que parezca un detalle poco importante, pero me gustaría trabajar con alguien que demuestre interes en mi novela y que se tome en serio el tiempo que he pasado escribiéndola. Cuando publiqué mi primera novela, tenía la sospecha de que los editores no sabían ni de que
trataba, sospecha que se vio confirmada cuando vinieron a Granada para acompañarme en la presentación. Fue... extraño, ver a un editor hablando de un libro sin saber muy bien de que iba.
Otro punto a tratar es el acabado de los libros. Hay editoriales cuyas portadas son magníficas, y todos sabemos que la portada es el gran reclamo que tenemos para conseguir lectores a la hora de colocar nuestros libros en los puntos de venta. La de mi primer libro no es fea, pero no sabeis lo que tuve que aguantar hasta que estuvo lista. Despues de casi dos meses dándome largas, tuve que lanzar un órdago a la editorial, amenazando con romper el contrato si no me tenían lista la portada (por supuesto, me la mandaron en los cinco minutos siguientes).
Un factor importante es el respeto. Desconfiad de las editoriales que os piropean de forma gratuita. Hay una editorial a la que mandé mi libro, y me contesto a los pocos minutos diciendo que era un escritor fantástico, que tenía mucho talento y que el libro le había encantado. No querais saber lo que me contestó cuando le pregunté cómo demonios había podido leer mi novela de casi 400 páginas en solo unos minutos...
Me gustan las editoriales transparentes, que te dicen las cosas claras. No me gusta que me mientan, ni que no sepan responder a mis cuestiones. En este punto, he de decir que he estado en contacto con un editor que ha respondido a unos diez emails que le envié, y hasta me ha telefoneado para preguntarme su me quedaba alguna duda.
Es aconsejable, antes de firmar, preguntar bien acerca de la promoción que la editorial va a hacer de tu obra. No basta con que te digan que van a enviar tu reseña a "muchas revistas especializadas", ya que es muy probable que sea mentira.
Seamos sinceros: esto es un negocio. Y como en todos los negocios, siempre hay gente que trata de aprovecharse de la ilusión de quien tiene poca experiencia. Yo no tengo mucha, pero cometí gran cantidad de errores con mi primer libro, y no estoy dispuesto a que me pase lo mismo con el segundo. Ya os avisaré cuando elija editorial.
PD. Si alguien de la editorial Planeta, o Alfaguara, o Destino, lee este blog, sabed que quedan un par de semanas antes de firmar el contrato. AUN ESTAIS A TIEMPO. Espero vuestra llamada...
En primer lugar, tan solo algunas de las editoriales a las que he mandado mi obra han demostrado habérsela leido. Puede que parezca un detalle poco importante, pero me gustaría trabajar con alguien que demuestre interes en mi novela y que se tome en serio el tiempo que he pasado escribiéndola. Cuando publiqué mi primera novela, tenía la sospecha de que los editores no sabían ni de que
trataba, sospecha que se vio confirmada cuando vinieron a Granada para acompañarme en la presentación. Fue... extraño, ver a un editor hablando de un libro sin saber muy bien de que iba.Otro punto a tratar es el acabado de los libros. Hay editoriales cuyas portadas son magníficas, y todos sabemos que la portada es el gran reclamo que tenemos para conseguir lectores a la hora de colocar nuestros libros en los puntos de venta. La de mi primer libro no es fea, pero no sabeis lo que tuve que aguantar hasta que estuvo lista. Despues de casi dos meses dándome largas, tuve que lanzar un órdago a la editorial, amenazando con romper el contrato si no me tenían lista la portada (por supuesto, me la mandaron en los cinco minutos siguientes).
Un factor importante es el respeto. Desconfiad de las editoriales que os piropean de forma gratuita. Hay una editorial a la que mandé mi libro, y me contesto a los pocos minutos diciendo que era un escritor fantástico, que tenía mucho talento y que el libro le había encantado. No querais saber lo que me contestó cuando le pregunté cómo demonios había podido leer mi novela de casi 400 páginas en solo unos minutos...
Me gustan las editoriales transparentes, que te dicen las cosas claras. No me gusta que me mientan, ni que no sepan responder a mis cuestiones. En este punto, he de decir que he estado en contacto con un editor que ha respondido a unos diez emails que le envié, y hasta me ha telefoneado para preguntarme su me quedaba alguna duda.
Es aconsejable, antes de firmar, preguntar bien acerca de la promoción que la editorial va a hacer de tu obra. No basta con que te digan que van a enviar tu reseña a "muchas revistas especializadas", ya que es muy probable que sea mentira.
Seamos sinceros: esto es un negocio. Y como en todos los negocios, siempre hay gente que trata de aprovecharse de la ilusión de quien tiene poca experiencia. Yo no tengo mucha, pero cometí gran cantidad de errores con mi primer libro, y no estoy dispuesto a que me pase lo mismo con el segundo. Ya os avisaré cuando elija editorial.
PD. Si alguien de la editorial Planeta, o Alfaguara, o Destino, lee este blog, sabed que quedan un par de semanas antes de firmar el contrato. AUN ESTAIS A TIEMPO. Espero vuestra llamada...
El retorcido mundillo editorial

No se si el título que he dedico poner a este post será el más acertado, pero bueno, solo es eso: un título. Hace unos días hablaba sobre lo que me sorprendió en un primer momento que hubiera editoriales que pidiesen dinero a cambio de publicar tu libro. O más bien, que fuera posible publicar un libro independientemente de su calidad o interes, tan solo pagando la edición. Hoy en día esto es un hecho, y hay multitud de editoriales que, además de su linea editorial, tambien ofrecen un servicio de autoedición destinado a todos a escritores noveles.
Hay quien habla de coedición, o de edición conjunta, además de otros denominativos, pero bajo todos esos seudónimos se esconde la realidad de la autoedición. ¿En qué consiste? Bueno, si leeis mi post anterior podreis comprobar lo dificil que resulta iniciarse en el mundillo editorial. Las grandes editoriales tienen una nómina de escritores que les garantizan las ventas. Entre estos escritores, siempre despuntan unas cuantas estrellas, cuyos libros se convierten en best-sellers incluso antes de salir a la calle. No hace falta decir nombres, todos sabemos quienes son. Y también sabemos que no todo lo que escriben es bueno, pero eso da igual. Una vez consagrado, puedes escribir obras más o menos decentes que tienen el éxito garantizado, sin necesidad de componer obras maestras cada vez que te sientes frente al ordenador. Ni que decir tiene que las publicaciones de estas editoriales implican una edición muy costosa, tanto en los acabados de los libros como en su difusión y publicidad.
Sin embargo, los recien llegados a este mundillo lo tenemos mucho más dificil. Nadie puede asegurar que nuestros libros vayan a venderse, por lo que muy pocas editoriales (o ninguna) va a interesarse sin más por ellos. Y que nadie vaya a escandalizarse, porque se trata de una realidad. Las editoriales venden libros, y todo lo que no implique venta, sobra.
Existe una idea muy romantica, la del escritor primerizo que escribe la novela más hermosa del mundo, la envía a un editor y consigue conmoverlo hasta tal punto que se le abren de par en par las puertas del mundillo editorial, y entra a formar parte de la nómina de una de las editoriales más prestigiosas del pais (¡o incluso del mundo!). Yo, personalmente, prefiero tener los pies en la tierra. Es más, tengo la deprimente certeza de que una editorial que recibe más de 300 manuscritos mensuales, no va a detenerse siquiera a leer mi obra si no le suena de nada mi nombre. Podeis llamarme agorero si quereis, pero prefiero pensar así para no llevarme luego desilusiones.
La autoedición es una buena solución. Si pensamos como empresarios, sabemos que todo proyecto necesita de una inversión inicial. Si no soy capaz de creer en mi obra y apostar por ella, ¿quién va a hacerlo? Además, las editoriales que presten el servicio de autoedición, no suelen limitarse a la mera impresión de los libros. A menudo cuentan con lineas de distribución propias, herramientas de marketing y publicidad, e incluso convenios con grandes superficies como "El Corte Ingles" o "Casa del Libro", además de muchas otras ventajas. Hay quien decide publicar por su cuenta, por medio de imprentas o casas de impresión, consiguiendo así un considerable ahorro en los gastos de edición, aunque yo prefiero contar con los servicios y las garantias que una editorial.
Hay quien considera la autoedición un sacrilegio, una forma de venderse, pero la experiencia me ha enseñado que es precisamente lo contrario. Se trata de una oportunidad, de un escaparate para colocar tu libro en la calle, junto al de los grandes novelistas. Si la gente lo lee y le gusta, hablará de él, y no hay mejor publicidad que esa. Si no me creeis, fijaros en Eloy Moreno, autor de "El bolígrafo de gel verde". Comenzó con la autoedición, y su obra gustó tanto que ahora publica con Espasa y lleva vendidos más de un millon de ejemplares. ¡Todo un sueño!
Para terminar, tan solo un apunte. Hay quien se tortura pensando en los criterios de selección de las editoriales de autoedición. ¿Publican solo lo que les gusta? ¿O publican todo lo que les llega? Bueno, se supone que estas editoriales deben cuidar su catálogo, y no publicar cualquier cosa, pero también es verdad que, si la edición está pagada, ¿por qué preocuparse por la calidad de la obra? Si quereis saber mi opinión, hace tiempo que esta cuestión ha dejado de preocuparme. Tengo los pies en la tierra, y me da absolutamente igual lo que escriban los demás. Mi próximo libro se publicará en septiembre bajo el título de "Mil cosas que no te dije antes de perderte", y es rematadamente bueno. Se que va gustar mucho, que le va a encantar a todo el que se atreva a leerlo, y que se va a vender como rosquillas, aunque eso es lo que menos me preocupa. ¿Que más me da lo publique la editorial que he elegido? Lo que me importa es que mi libro llegue a las librerías con una calidad y un acabado perfectos, a la altura de su contenido.
Hay quien habla de coedición, o de edición conjunta, además de otros denominativos, pero bajo todos esos seudónimos se esconde la realidad de la autoedición. ¿En qué consiste? Bueno, si leeis mi post anterior podreis comprobar lo dificil que resulta iniciarse en el mundillo editorial. Las grandes editoriales tienen una nómina de escritores que les garantizan las ventas. Entre estos escritores, siempre despuntan unas cuantas estrellas, cuyos libros se convierten en best-sellers incluso antes de salir a la calle. No hace falta decir nombres, todos sabemos quienes son. Y también sabemos que no todo lo que escriben es bueno, pero eso da igual. Una vez consagrado, puedes escribir obras más o menos decentes que tienen el éxito garantizado, sin necesidad de componer obras maestras cada vez que te sientes frente al ordenador. Ni que decir tiene que las publicaciones de estas editoriales implican una edición muy costosa, tanto en los acabados de los libros como en su difusión y publicidad.
Sin embargo, los recien llegados a este mundillo lo tenemos mucho más dificil. Nadie puede asegurar que nuestros libros vayan a venderse, por lo que muy pocas editoriales (o ninguna) va a interesarse sin más por ellos. Y que nadie vaya a escandalizarse, porque se trata de una realidad. Las editoriales venden libros, y todo lo que no implique venta, sobra.
Existe una idea muy romantica, la del escritor primerizo que escribe la novela más hermosa del mundo, la envía a un editor y consigue conmoverlo hasta tal punto que se le abren de par en par las puertas del mundillo editorial, y entra a formar parte de la nómina de una de las editoriales más prestigiosas del pais (¡o incluso del mundo!). Yo, personalmente, prefiero tener los pies en la tierra. Es más, tengo la deprimente certeza de que una editorial que recibe más de 300 manuscritos mensuales, no va a detenerse siquiera a leer mi obra si no le suena de nada mi nombre. Podeis llamarme agorero si quereis, pero prefiero pensar así para no llevarme luego desilusiones.
La autoedición es una buena solución. Si pensamos como empresarios, sabemos que todo proyecto necesita de una inversión inicial. Si no soy capaz de creer en mi obra y apostar por ella, ¿quién va a hacerlo? Además, las editoriales que presten el servicio de autoedición, no suelen limitarse a la mera impresión de los libros. A menudo cuentan con lineas de distribución propias, herramientas de marketing y publicidad, e incluso convenios con grandes superficies como "El Corte Ingles" o "Casa del Libro", además de muchas otras ventajas. Hay quien decide publicar por su cuenta, por medio de imprentas o casas de impresión, consiguiendo así un considerable ahorro en los gastos de edición, aunque yo prefiero contar con los servicios y las garantias que una editorial.
Hay quien considera la autoedición un sacrilegio, una forma de venderse, pero la experiencia me ha enseñado que es precisamente lo contrario. Se trata de una oportunidad, de un escaparate para colocar tu libro en la calle, junto al de los grandes novelistas. Si la gente lo lee y le gusta, hablará de él, y no hay mejor publicidad que esa. Si no me creeis, fijaros en Eloy Moreno, autor de "El bolígrafo de gel verde". Comenzó con la autoedición, y su obra gustó tanto que ahora publica con Espasa y lleva vendidos más de un millon de ejemplares. ¡Todo un sueño!
Para terminar, tan solo un apunte. Hay quien se tortura pensando en los criterios de selección de las editoriales de autoedición. ¿Publican solo lo que les gusta? ¿O publican todo lo que les llega? Bueno, se supone que estas editoriales deben cuidar su catálogo, y no publicar cualquier cosa, pero también es verdad que, si la edición está pagada, ¿por qué preocuparse por la calidad de la obra? Si quereis saber mi opinión, hace tiempo que esta cuestión ha dejado de preocuparme. Tengo los pies en la tierra, y me da absolutamente igual lo que escriban los demás. Mi próximo libro se publicará en septiembre bajo el título de "Mil cosas que no te dije antes de perderte", y es rematadamente bueno. Se que va gustar mucho, que le va a encantar a todo el que se atreva a leerlo, y que se va a vender como rosquillas, aunque eso es lo que menos me preocupa. ¿Que más me da lo publique la editorial que he elegido? Lo que me importa es que mi libro llegue a las librerías con una calidad y un acabado perfectos, a la altura de su contenido.
domingo, 19 de junio de 2011
Mis primeros pasos (I)
Lo que en principio iba a ser un pequeño cuento, terminó convirtiéndose en mi primera novela, Caraballo. Sin embargo, cuando terminé de escribirla, poco o nada sabía yo del mundo editorial. Lo primero que hice fue enviarla a unas cuantas editoriales bastante conocidas, adjuntando una carta en la que me presentaba como el humilde escritor novato que era (y sigo siendo) y les ofrecía mi obra para que valoraran su publicación. Estaba seguro de que cuando la leyeran quedarían tan entusiasmados que no podrían negarse a publicarla.
Es evidente que tan confiado intento quedó en una mera desilusión, lo cual tampoco viene mal para aprender. La mayoría de las editoriales ni me contestaron, y las que lo hicieron me escribieron en muy buenos términos aquello de "su obra no se ajusta a nuestra linea editorial". Con el tiempo descubrí que esa frase, en este mundillo, viene a significar algo así como "no eres nadie, así que ni siquiera mereces que leamos tu libro, y da gracias de que te contestemos". Para eso, prefiero que ni contesten.
Pese a la frustración inicial, no me desanimé, y decidí otra estrategia. Ya que las grandes firmas no querían saber nada de mi libro (ellas se lo perdían), decidí enviarle mi obra a editoriales más modestas. Y así es como me vi, de librería en librería, echando un vistazo a aquellos libros poco comerciales que se esconden en los peores lugares de las tiendas, y tomando nota de aquellas editoriales de nombres tan extraños que juraría no haber oido en mi vida. De vez en cuando me permitía ser sibarita, desechando aquellas que me parecían poco apropiadas y demasiado cutres para mis pretensiones de gran novelista.
Tras enviar otra avalancha de propuestas editoriales, comprobé que aquello no era tan facil como me había imaginado en un primer momento, y observé cómo hasta las editoriales menos conocidas ponían remilgos a mi novela, algo que para mí era incomprensible. El tiempo y la experiencia me ha demostrado que hay que tener los pies en la tierra, pero por aquel entonces yo estaba convencido de que mi obra me iba a catapultar al limbo de los grandes escritores, y a codearme con aquellos a los que siempre había idolatrado. Ruego dispensen mi ingenuidad.
Es evidente que tan confiado intento quedó en una mera desilusión, lo cual tampoco viene mal para aprender. La mayoría de las editoriales ni me contestaron, y las que lo hicieron me escribieron en muy buenos términos aquello de "su obra no se ajusta a nuestra linea editorial". Con el tiempo descubrí que esa frase, en este mundillo, viene a significar algo así como "no eres nadie, así que ni siquiera mereces que leamos tu libro, y da gracias de que te contestemos". Para eso, prefiero que ni contesten.
Pese a la frustración inicial, no me desanimé, y decidí otra estrategia. Ya que las grandes firmas no querían saber nada de mi libro (ellas se lo perdían), decidí enviarle mi obra a editoriales más modestas. Y así es como me vi, de librería en librería, echando un vistazo a aquellos libros poco comerciales que se esconden en los peores lugares de las tiendas, y tomando nota de aquellas editoriales de nombres tan extraños que juraría no haber oido en mi vida. De vez en cuando me permitía ser sibarita, desechando aquellas que me parecían poco apropiadas y demasiado cutres para mis pretensiones de gran novelista.
Tras enviar otra avalancha de propuestas editoriales, comprobé que aquello no era tan facil como me había imaginado en un primer momento, y observé cómo hasta las editoriales menos conocidas ponían remilgos a mi novela, algo que para mí era incomprensible. El tiempo y la experiencia me ha demostrado que hay que tener los pies en la tierra, pero por aquel entonces yo estaba convencido de que mi obra me iba a catapultar al limbo de los grandes escritores, y a codearme con aquellos a los que siempre había idolatrado. Ruego dispensen mi ingenuidad.
El siguiente paso era internet. Introduje en el buscador las palabras mágicas, publicar un libro, y de inmediato aparecieron en la pantallas multitud de empresas y editoriales que se dedicaban a darle la oportunidad a escritores noveles de cumplir sus sueños. Lo que nunca había esperado era que pidieran dinero por hacerlo, pero las promesas de un próspero futuro editorial acabaron de una vez con mis reparos. Al fin y al cabo, si no era capaz de apostar yo mismo por mi obra, ¿quién iba a hacerlo? Seleccioné una de aquellas editoriales, llamada Entrelineas, cuyos libros había visto en varias ocasiones en mis librerías habituales, y les escribí. Ni que decir tiene que, en poco menos de un mes, me enviaron un analisis de mi obra, señalando los puntos fuertes y los débiles. No voy a entrar a valorar aquel informe, pero lo que me convenció fue el hecho de que realmente habían leido mi novela, algo que hasta entonces ninguna otra editorial había hecho.
Otro día os contaré como fue la entrevista con los editores, y el largo y tortuoso proceso editorial. Espero no haberme extendido demasiado por hoy.
Otro día os contaré como fue la entrevista con los editores, y el largo y tortuoso proceso editorial. Espero no haberme extendido demasiado por hoy.
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